Redes de riego mal dimensionadas

INSTALACIONES RIEGO

Francisco Castera

Redes de riego mal dimensionadas: un problema que debe resolverse antes de ejecutar el jardín

El sistema de riego es una de las instalaciones más importantes de un jardín y, al mismo tiempo, una de las que con mayor frecuencia queda oculta bajo el terreno.

Cuando una instalación eléctrica presenta un problema, podemos localizar los cables y comprobar sus conexiones. Cuando una tubería de riego está enterrada, localizar una avería o descubrir por qué una determinada zona no recibe suficiente agua puede ser considerablemente más complejo.

Por eso, una red de riego debe proyectarse antes de ejecutarse y quedar perfectamente definida y documentada.

No se trata únicamente de decidir qué goteros, difusores o aspersores se van a instalar. Es necesario conocer de antemano el caudal disponible, la presión de entrada, las necesidades de cada zona, los recorridos de las tuberías, sus diámetros, las válvulas, los accesorios, los puntos de control y la forma en que todo el sistema va a funcionar conjuntamente.

Un riego correctamente diseñado puede funcionar durante años con ajustes y mantenimiento relativamente sencillos.

Una instalación improvisada puede convertirse, en cambio, en una fuente continua de problemas.

El problema empieza cuando se instala sin haber proyectado

En ocasiones, el sistema de riego se ejecuta directamente sobre el terreno.

Se coloca una tubería, se realizan algunas derivaciones, se instalan unos goteros o aspersores y posteriormente se intenta adaptar el funcionamiento de la instalación a las condiciones reales.

El problema es que el agua obedece a las leyes de la hidráulica, no a las necesidades que aparecen durante la obra.

Una tubería demasiado pequeña, una longitud excesiva, demasiados accesorios, una válvula inadecuada o un caudal disponible insuficiente pueden provocar pérdidas de presión que posteriormente se manifiestan en el jardín.

La consecuencia puede ser que una zona reciba correctamente el agua mientras otra quede insuficientemente regada.

Y cuando el problema aparece, normalmente las tuberías ya están enterradas.

Presión y caudal: dos conceptos que no deben confundirse

Uno de los errores más frecuentes consiste en hablar de presión y caudal como si fueran lo mismo. No lo son.

La presión es la energía disponible para hacer funcionar los emisores y vencer las pérdidas de la instalación.

El caudal es la cantidad de agua que puede circular por la instalación en un determinado tiempo.

Una red puede tener una presión estática aparentemente suficiente y, sin embargo, presentar problemas cuando comienza a circular el agua.

Esto ocurre porque al abrir un sector aparecen pérdidas de carga en tuberías, válvulas, filtros, contadores, codos, derivaciones y otros componentes.

Por eso, para diseñar correctamente una instalación no basta con medir la presión con todos los elementos cerrados. Es necesario analizar qué presión y qué caudal estarán realmente disponibles cuando el sector esté funcionando.

El diámetro de la tubería debe calcularse

Una de las decisiones más importantes del proyecto es determinar el diámetro de las tuberías.

El diámetro no debería elegirse simplemente porque sea el que habitualmente utiliza el instalador.

A medida que aumenta el caudal que circula por una tubería también aumentan las pérdidas de carga. La longitud de la conducción, su diámetro, el material y los accesorios utilizados influyen en el comportamiento hidráulico.

Por eso, una instalación correctamente proyectada puede utilizar diferentes diámetros en diferentes tramos.

La tubería principal puede necesitar un diámetro determinado para transportar el caudal de varios sectores, mientras que las derivaciones pueden reducirse progresivamente cuando disminuye el caudal transportado.

Dimensionar cada tramo según el caudal que debe transportar permite evitar pérdidas innecesarias y conseguir que el agua llegue a los puntos de consumo con las condiciones adecuadas.

No solamente importa la tubería: también los accesorios

En una instalación de riego existen numerosos elementos que pueden generar pérdidas de presión:

  • Válvulas.

  • Filtros.

  • Reguladores de presión.

  • Codos.

  • Tes.

  • Reducciones.

  • Contadores.

  • Antirretornos.

  • Conexiones.

  • Derivaciones.

  • Otros elementos de control.

Por tanto, no basta con calcular la longitud de la tubería.

El proyecto hidráulico debe contemplar el conjunto de la instalación.

Una red puede tener una tubería correctamente dimensionada y, sin embargo, presentar un funcionamiento deficiente debido a una combinación inadecuada de válvulas, filtros y accesorios.

Sectorizar el jardín es fundamental

No todas las zonas de un jardín tienen las mismas necesidades.

Un césped puede necesitar un sistema de aplicación diferente al de una zona de arbustos.

Una plantación mediterránea puede tener unas necesidades hídricas muy diferentes de una zona de plantas de sombra.

Y una zona de árboles jóvenes puede requerir una estrategia distinta de una plantación madura.

Por eso, el jardín debe dividirse en sectores de riego coherentes.

Cada sector debe tener unas necesidades de caudal y presión conocidas y debe poder funcionar correctamente con los elementos de control previstos.

La sectorización permite, además, adaptar los tiempos de riego a las necesidades de cada zona y evitar que todo el jardín tenga que recibir la misma cantidad de agua.

El control de los caudales permite saber qué está ocurriendo

Un sistema bien diseñado no debería limitarse a abrir y cerrar el agua.

Debe permitir controlar su funcionamiento.

Conocer el caudal previsto de cada sector facilita detectar posteriormente determinadas anomalías.

Si un sector que normalmente trabaja con un determinado caudal comienza a consumir mucho más, puede existir una fuga.

Si el caudal disminuye significativamente, puede haber una obstrucción, una válvula que no abre correctamente o algún otro problema.

Por eso es interesante que el proyecto defina los caudales previstos de los diferentes sectores, de manera que posteriormente puedan utilizarse como referencia durante el mantenimiento.

El control hidráulico convierte el riego en una instalación que puede comprobarse y diagnosticar, en lugar de una red enterrada cuyo comportamiento se desconoce.

Las válvulas también deben estar previstas

Las válvulas son los elementos que permiten controlar los diferentes sectores de la instalación.

Su ubicación debería quedar perfectamente definida en el proyecto.

También debe conocerse qué sector controla cada válvula, qué caudal circula por ella y qué elementos de regulación incorpora.

Una válvula mal dimensionada puede generar pérdidas de presión innecesarias y una válvula excesivamente grande tampoco es automáticamente una solución mejor: los dispositivos automáticos tienen unas condiciones de funcionamiento que deben respetarse.

Además, deben quedar accesibles.

Una válvula enterrada sin un registro adecuado puede convertirse en un problema cuando sea necesario revisarla o sustituirla.

El cierre de los sectores también importa

El funcionamiento de una red no termina cuando se abre una válvula.

Los cierres y aperturas de los sectores deben plantearse correctamente.

Los cambios bruscos de velocidad del agua pueden producir fenómenos transitorios, conocidos habitualmente como golpe de ariete, que pueden someter a la instalación a esfuerzos importantes.

Por ello, la selección de válvulas y el modo de funcionamiento del sistema deben formar parte del diseño.

Especialmente en instalaciones de cierta longitud, con presiones elevadas o con determinados equipos de bombeo, no conviene dejar estas cuestiones para el momento de la puesta en marcha.

Prever los pasos antes de construir

Hay otro aspecto aparentemente secundario que puede ahorrar muchos problemas en el futuro:

Las pasantes.

Cuando una tubería necesita atravesar un pavimento, un muro, una solera, una zona de obra o cualquier otro elemento constructivo, es mucho mejor prever el paso antes de ejecutar ese elemento.

Un simple tubo pasante colocado durante la obra puede permitir posteriormente introducir una conducción sin necesidad de levantar un pavimento.

Esto es especialmente importante cuando se diseñan jardines que pueden evolucionar con el tiempo.

Conviene prever pasos para:

  • Tuberías de riego.

  • Cableado de control.

  • Iluminación.

  • Sensores.

  • Futuras ampliaciones.

  • Alimentación de fuentes o elementos de agua.

  • Conducciones que puedan ser necesarias posteriormente.

Una pequeña previsión durante la obra puede evitar una intervención mucho más costosa años después.

El proyecto debe reflejar por dónde pasa cada tubería

Una vez enterrada la instalación, el jardín oculta prácticamente toda la red.

Por eso es fundamental que el trazado quede documentado.

El proyecto debería reflejar, en la medida necesaria, los recorridos de las conducciones, los diámetros, las derivaciones, las válvulas, los registros, los puntos de conexión y los diferentes sectores.

También es recomendable disponer de una documentación final que represente la instalación realmente ejecutada.

Esto permite que, años después, un profesional pueda saber:

por dónde pasa la tubería, qué diámetro tiene, qué sector alimenta y dónde se encuentra la válvula correspondiente.

Esta información adquiere un valor enorme cuando se realiza una reforma del jardín, se planta un árbol, se instala una piscina o aparece una avería.

¿Qué ocurre cuando la red está mal dimensionada?

Los síntomas pueden ser muy variados.

Unos aspersores pueden funcionar correctamente y otros no alcanzar el radio previsto.

Los goteros situados al final de una línea pueden proporcionar un caudal insuficiente.

Una zona puede presentar vegetación con síntomas de déficit hídrico mientras otra recibe un exceso.

Las válvulas pueden trabajar con condiciones inadecuadas.

La instalación puede necesitar tiempos de riego excesivamente largos.

También pueden aparecer fugas o problemas derivados de una instalación sometida a condiciones hidráulicas no previstas.

Y en algunos casos el propietario termina compensando el problema aumentando los tiempos de riego, cuando la verdadera causa está en el propio diseño de la instalación.

Más tiempo de riego no siempre significa más agua disponible para la planta.

El problema de intentar corregirlo después

Cuando una red está enterrada, modificarla puede ser costoso.

Si una tubería resulta insuficiente, puede ser necesario levantar pavimentos o abrir zanjas.

Si faltan sectores, puede ser necesario modificar la red.

Si las válvulas están mal ubicadas, habrá que localizar y rehacer registros.

Si no se dejaron pasantes, puede ser necesario atravesar elementos constructivos.

Y si no existe un plano fiable de la instalación, primero habrá que localizar qué hay realmente enterrado.

Por eso, la fase de proyecto es el momento más económico para resolver estos problemas.

Sobre un plano podemos cambiar el diámetro de una tubería, modificar un recorrido, añadir un sector o prever un pasante.

Una vez construido el jardín, cada una de esas decisiones puede implicar obra.

Una red de riego debe quedar documentada

Un buen proyecto no debería terminar con la instalación funcionando.

Debe dejar una documentación que permita conocer cómo está construido el sistema.

Dependiendo de las características del jardín, esta documentación puede incluir:

  • Plano de trazado.

  • Diámetros de las conducciones.

  • Sectores de riego.

  • Ubicación de válvulas.

  • Caudal previsto por sector.

  • Elementos de filtración y regulación.

  • Puntos de conexión.

  • Pasantes.

  • Elementos de control.

  • Programación inicial.

  • Criterios de funcionamiento.

  • Y, cuando sea necesario, detalles constructivos.

Además, cuando la obra introduce modificaciones respecto al proyecto inicial, es conveniente actualizar la documentación para que represente lo que realmente se ha construido.

El riego debe diseñarse junto al jardín

El sistema de riego no debería ser una instalación que se añade al final.

Debe desarrollarse conjuntamente con el proyecto de paisajismo.

La distribución de las plantas determina las necesidades de agua.

Las necesidades de agua determinan los sectores.

Los sectores determinan los caudales.

Los caudales condicionan las tuberías.

Las tuberías y los sectores determinan las válvulas.

Y todo ello debe adaptarse a la presión y al caudal disponibles.

Todo está relacionado.

Por eso, diseñar primero el jardín y después intentar introducir el riego puede generar incompatibilidades.

En cambio, cuando vegetación, distribución, hidráulica e instalaciones se estudian conjuntamente, es posible encontrar soluciones mucho más coherentes.

El coste de diseñar frente al coste de corregir

Un buen diseño no tiene como objetivo instalar la mayor cantidad posible de tuberías ni sobredimensionar todos los componentes.

El objetivo es dimensionar correctamente la instalación para las necesidades reales del jardín, evitando tanto el infradimensionamiento como el sobredimensionamiento innecesario.

El infradimensionamiento puede provocar problemas de funcionamiento, mientras que sobredimensionar sin criterio aumenta costes y no garantiza por sí mismo que el sistema funcione correctamente. El diseño hidráulico debe buscar un equilibrio entre prestaciones, fiabilidad y coste.

Por eso, el verdadero ahorro no consiste necesariamente en instalar menos material.

Consiste en instalar el material adecuado, en el lugar adecuado y con las dimensiones adecuadas.

Diseñar el riego es diseñar una instalación para muchos años

El sistema de riego queda enterrado, pero sus consecuencias permanecen visibles durante toda la vida del jardín.

Cuando está bien diseñado, el propietario apenas piensa en él: las diferentes zonas reciben el agua que necesitan, las válvulas pueden localizarse, las averías pueden diagnosticarse y las futuras modificaciones pueden realizarse con mayor facilidad.

Cuando está mal diseñado, el riego puede convertirse en una sucesión de problemas: zonas secas, exceso de agua, pérdidas de presión, averías, tuberías desconocidas y obras que podrían haberse evitado.

Por eso, antes de abrir una zanja, conviene abrir primero el plano.

Un proyecto de riego permite conocer por dónde discurrirán las conducciones, qué diámetros tendrán, qué caudal circulará por cada sector, dónde estarán las válvulas y qué elementos deberán quedar previstos para el futuro.

Y, sobre todo, permite que toda esta información quede documentada.

Diseñar el riego antes de ejecutarlo no es un trámite. Es una forma de asegurar que el jardín pueda funcionar correctamente durante muchos años.

Un sistema de riego eficiente comienza mucho antes de instalar los difusores o goteros.

Cuando las tuberías presentan diámetros insuficientes o se conectan demasiados emisores en un mismo sector aparecen problemas de presión y caudal que provocan:

  • Riegos irregulares.

  • Zonas secas.

  • Desperdicio de agua.

  • Mayor consumo energético.

  • Averías prematuras.

El cálculo hidráulico previo permite dimensionar correctamente toda la instalación. Además preveer conducciones pasatubos para futuras ampliaciones marca la posibilidad de ampliaciones o cambios futuros sin tener que picar el hormigón o posible elmentos duros, con el consiguiente trabajo y costo.